LA LLORONA

 Cuenta la historia del espíritu en pena de una mujer que, tras ahogar a sus hijos en un arranque de desesperación y dolor por un desamor, fue condenada a vagar eternamente buscándolos cerca de ríos y lagos, lanzando un desgarrador lamento: ¡Ay, mis hijos!

Descripción

La Llorona es un fantasma del folclore hispanoamericano que, según la tradición oral, es el alma en pena de una mujer que ahogó a sus hijos, que luego, arrepentida y maldecida, los busca por las noches por ríos, pueblos y ciudades, asustando con su sobrecogedor llanto a quienes la ven u oyen en la noche. Su leyenda posee gran diversidad de versiones, con generalidades y particularismos propios de muchas regiones geográficas. A pesar de ello, su relato mágico y sobrenatural, emergido de múltiples orígenes, es constante y reconocible, con añadidos, texturizaciones e hibridaciones de muy diversos manejos.

Origen

La presencia de seres fantasmales que lloran en los ríos por motivos diversos es una característica recurrente de la mitología de los pueblos mesoamericanos. Es así como pueden encontrarse rasgos de estos espectros en varias de las culturas precolombinas, que finalmente, con la llegada de los conquistadores españoles, fueron asumiendo rasgos comunes debido a la expansión del dominio hispánico sobre el continente. La leyenda es una historia que posee referentes míticos en el universo prehispánico, pero que instaura su drama y su cortejo imaginario y angustiante en el orden colonial.[2]
Para explicar el origen de la leyenda de la Llorona, se han propuesto tres vertientes principales: un enfoque literalista, es decir, los hechos ocurrieron realmente: una mujer mató a sus propios hijos y a partir de allí, la historia se fue contando una y otra vez hasta convertir a la mujer en fantasma y a la historia en leyenda; un abordaje evemerista, es decir, donde un mito se superpone sobre una historia real con referentes concretos (es el caso, por ejemplo, en el que el mito de la diosa Cihuacóatl se superpone con la historia de la Malinche); y finalmente, un enfoque parabólico, que tiene una lectura apologética y simbólica, con un sentido oculto, en el que la historia surge como una forma de dar voz a sectores silenciados, es este caso, los indígenas durante la Conquista y la colonización.[3